viernes, 17 de enero de 2014

Slow food o disfrutar de la comida



Hoy  quiero dedicar este capítulo a todas las cocineras que todos tuvimos en casa pues ellas fueron quienes inventaron el slow food día a día sin saber que lo que estaban haciendo, por eso nuestro slow food y las recetas de nuestras madres y abuelas van de la mano. Nos adentraron en este mundo tan amplio de sabores y recuerdos. Quien no asocia un sabor de nuestra infancia con un recuerdo entrañable?

Os transmitiré lo que es Slow food para mí y que espero coincidir con muchos de vosotros:

Slow food es comer con los amigos esas jornadas de la matanza, que según te sientas a la mesa te pones nervioso porque no sabes por donde empezar.
Y que me contais de ese arrocin  con pitu de caleya con ese color oscuro y sabor jugoso que se deshace en la boca y no puedo dejar atrás la receta  cuando el pitu va con esos patatinos redondos haciendole la competencia al arroz.
Slow food es la sopa de hígado con ese vasin de vino tinto, porque la sopa de hígado, si no se toma con vino tinto no es lo mismo,¿o no? y no digamos si la comemos en una cabaña de algún amigo mientras fuera llueve a cántaros, parece que se para el tiempo para nosotros sólo para disfrutar de la sopa, del vino  y de los amigos.
Y si encima de segundo plato, nos preparan unes  patatines o cebollas rellenes  estaremos eternamente agradecidos por habérnoslo puesto a nuestro alcance.
Hoy le decía yo a una amiga que echaba de menos a unos clientes porque después de comer echan la partida durante un par de horas y en esas dos horas disfrutan de la copa, del puro, del subastao y de la amistad.
Esto es slow food puro y duro al mas estilo tradicional.

Así que amigos, hagamos slow food todos los días que podamos, con los amigos, con la moza, con los hijos, con quien queráis, pero hagamos slow food, que será lo que llevemos por delante.





Un abrazo